Cómo ayudar a tus hijos a mejorar su rendimiento académico potenciando su bienestar emocional

Tradicionalmente, el rendimiento académico se ha relacionado con cuanto de inteligente es una persona a nivel de coeficiente intelectual. Es decir, se suele tender a pensar que una persona con un coeficiente intelectual de 140 sacará mejores notas que alguien que tiene un coeficiente intelectual de 100. Pero… ¿realmente es así? La respuesta es sencilla: no. Existen muchos casos de personas con altos coeficientes intelectuales que no destacaron en el colegio. Por ejemplo, por increíble que te parezca, Stanley Kubrick, uno de los mayores cineastas del siglo XX, tenía un coeficiente intelectual entre 190 y 200, muy por encima de la media, pero no destacó en el colegio. También te sorprenderá saber que Charles Darwin, quien elaboró la teoría de la evolución y tenía un coeficiente intelectual de 160 (muy por encima de la media), estaba considerado en el colegio como por debajo de los estándares comunes de inteligencia.  Quizá en este punto te preguntes: ¿y entonces de qué depende el rendimiento académico? Pues bien, el rendimiento académico depende también de factores como la motivación, la atención, el nivel de cansancio, el entorno de estudio o el bienestar emocional. De hecho, se ha demostrado que el rendimiento académico está más relacionado con aspectos como la inteligencia emocional o el bienestar del alumno que con el coeficiente intelectual. En este artículo descubrirás cómo ayudar a tus hijos a mejorar su rendimiento académico potenciando su bienestar emocional.

1. Cuidado con las expectativas

Ponte en situación. Carlos tiene 16 años y en el colegio tiene una buena relación con sus compañeros y sus profesores. Cuando acabe el colegio le gustaría estudiar medicina, como hicieron su abuelo y su padre, y así poder seguir la tradición familiar. Para eso, necesita tener buenas notas tanto este año como el próximo, así que está poniendo mucho esfuerzo en estudiar. Pasado mañana tiene su primer examen del año y tiene pensado estudiar desde que llegue a casa hasta la hora de la cena. Esa tarde estudia durante 3h seguidas y para comprobar que ha entendido el contenido del temario, al final se pone a hacer un ejercicio de repaso. Pues bien, resulta que falla casi todas las preguntas. «¿Cómo puede ser?» se pregunta Carlos. No entiende qué le ha podido pasar porque pensaba que había comprendido la materia. Entonces empieza a pensar que quizá no sea lo suficientemente inteligente, que va a suspender el examen y que al final no va a llegar a la media que necesita. En ese momento Carlos no puede dejar de pensar en lo que puede pasar si repite curso y en lo decepcionado que se sentirá su padre si no llega a la nota que le piden y no se convierte en un gran médico como él.  ¿Qué le está pasando a Carlos? ¿No ha hecho bien el ejercicio porque no es lo suficientemente inteligente? ¡Claro que no! Lo que le ocurre es que está poniéndose a sí mismo mucha presión para cumplir con sus propias expectativas y con las de su padre. Esto le genera mucho estrés y miedo a suspender, lo que le impide concentrarse. Entonces, por mucho tiempo que pase delante del libro, su cerebro no va ni a asimilar ni a memorizar la información. Así que recuerda: identifica tus expectativas y las de tus hijos y ajústalas a la realidad.

2. Enseña a tus hijos a ser conscientes de sus emociones

Quizá en algún momento te haya ocurrido que hasta que alguien no te ha dicho una frase del tipo «Te noto raro, ¿seguro que no te pasa nada?» o «Tienes cara de cansado, quizá deberías sentarte un rato.» no te has dado cuenta de cómo te sentías realmente o de lo que tu cuerpo estaba pidiéndote a gritos. Si te has sentido identificado con esta situación, te tengo que decir que es algo que nos ha pasado a la mayoría en algún momento de nuestra vida. Y es que, en muchas ocasiones no somos conscientes de cómo nos sentimos. Es justo lo que le ocurría a Carlos, el chico del ejemplo anterior. La atención de su cerebro no estaba puesta en la materia sino en su estrés y su miedo y el no saber identificar y gestionar sus emociones estaba interfiriendo en su estudio y podría tener un impacto en su rendimiento académico. ¿Cómo hubiera cambiado la situación si Carlos hubiera sido consciente de su estrés y su miedo? Pues posiblemente no hubiera pensado que había hecho los ejercicios mal por no ser lo suficientemente inteligente sino por esa presión que se estaba poniendo a sí mismo. Entonces hubiera cerrado el libro, hubiera respirado hondo y se hubiera puesto a estudiar cuando estuviera más tranquilo. ¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a tener esta consciencia emocional?
  • Muéstrales cómo se sienten con frases del tipo «Veo que estás triste» o «Entiendo tu enfado»
  • Léeles cuentos que hablen sobre las emociones
  • Diles cómo te sientes tú

3. Potencia la inteligencia emocional de tus hijos

A lo largo del curso académico se dan numerosas situaciones de carácter emocional: conflictos en casa, con los amigos, con la pareja, con los profesores, exámenes, preguntas en clase, etc. Los alumnos que no tienen las estrategias y competencias necesarias para gestionar adecuadamente estas situaciones y demandas del día a día y de la vida académica, pueden llegar a experimentar actitudes negativas y perder el interés por los estudios, tener dudas acerca de su propia capacidad para sacarlos adelante o, incluso, llegar a un agotamiento físico y psíquico que puede desembocar en una falta de motivación, una reducción del rendimiento e, incluso, conducir al abandono de sus estudios. Para prevenir que esto ocurra, el potenciar la inteligencia emocional de tus hijos es clave. Y es que son muchos los estudios científicos que relacionan la inteligencia emocional y el rendimiento académico. Quizá no te sorprenda saber que una persona que no sabe gestionar su frustración, su estrés o cualquier otra emoción desagradable, va a tener más dificultades para concentrarse en el trabajo escolar, planificar y finalizar las tareas escolares. Por el contrario, una persona emocionalmente inteligente va a tener un mejor manejo del estrés y de la frustración y un nivel de bienestar emocional más elevado, lo que afectará positivamente a su rendimiento académico final. Por esta razón es crucial potenciar la inteligencia emocional desde la familia y el colegio, y enseñar desde pequeños a reconocer y gestionar las emociones, ya que, como se ha demostrado, el manejo de las emociones juega un papel importante en el desempeño académico y, bueno, en realidad, en el bienestar emocional de la persona. Si quieres cómo potenciar la inteligencia emocional de tus hijos, puedes acceder a este curso gratuito que he preparado para ti.
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